DV. No es un eslogan. Las empresas con fábricas o que comercian con China han notado un endurecimiento de las condiciones para desarrollar su actividad en los últimos dos o tres años. La explicación es sencilla. La que ya es tercera potencia económica mundial tras EE UU y Japón, crecía demasiado deprisa a ojos de su Gobierno (por encima del 10% anual con un pico del 13% en 2007), que se veía obligado a contener el ritmo de crecimiento económico a través de medidas restrictivas para la actividad, la inversión extranjera, las exportaciones, el consumo interno... Todo se había vuelto más difícil en el gigante asiático.
La crisis ha vuelto a desplegar la alfombra roja al capital extranjero. Desde octubre hasta la fecha, el Gobierno de Hu Jintao ha llevado a cabo una serie de reformas normativas, fiscales y administrativas para reactivar lo que antes frenaba. Lo que se han llamado las diez medidas. Entre ellas, un plan de estímulo por valor de unos 500.000 millones de euros aprobado el viernes que impulsará la actividad en construcción de viviendas e infraestructuras, las inversiones en energía, protección de agua y medio ambiente, mejoras en la salud pública, ampliación y mejora de las redes de transporte...
El objetivo del Gobierno es mejorar las condiciones de vida de las zonas rurales y de las clases más pobres. En última instancia, que haya más clase media. Para ello, junto a la inversión pública, elevará los ingresos promedio aumentando los subsidios, los fondos de pensiones, las subvenciones...
En paralelo, ha recomendado a la Banca facilitar el crédito a consumidores y empresas para que no decaiga el consumo ni la actividad industrial. Sobra decir que en la dictadura china, las recomendaciones del Gobierno son seguidas con gusto por los interpelados.
100 millones de personas
Más subsidios, más subvenciones, más créditos... la consecuencia directa es más dinero circulando, más consumo y un incremento significativo de la clase media con capacidad para consumir, que ya hoy se cifra en torno a 100 millones de personas, poco más del 6% de la población pero masa suficiente para hacer del país un mercado más que interesante en sí mismo.
Se espera que China sea el país que más crezca en los próximos dos años. La crisis internacional también ha llegado allí, pero con notables diferencias respecto al resto del mundo. La economía china creció un 6,8% en el último trimestre de 2008, la mitad que en 2007 pero lejos de la recesión prevista en EE UU y Europa. Para 2009, la previsión señala un avance del PIB del 8%.
El pragmático Partido Comunista Chino (PCC) sabe que no puede hacer frente a la crisis solo. Está haciendo todo lo que está en su mano (rebaja de impuestos y de tipos de interés, inversión pública, etc.) pero es consciente de que en esta batalla necesita al capital extranjero. Por eso está dando marcha atrás a las normas restrictivas de los últimos años y reabriendo el país.
Medidas concretas
Como medidas concretas para facilitar la labor de las empresas extranjeras presentes y animar la llegada de otras, destaca la modificación del catálogo sobre inversión extranjera, un documento en el que el Gobierno dictamina qué sectores están abiertos a la inversión extranjera y en qué condiciones, y cuáles quedan excluidos. Tras unos años en que el listado de actividades abiertas se reducía, vuelve a girar la tendencia, habiéndose producido una mayor liberalización de los sectores financiero y de servicios, y una relajación de las exigencias para el manufacturero.
Reformas fiscales como una mayor devolución del IVA sobre exportaciones van encaminadas a fortalecer las ventas en el exterior y no paralizar la actividad de las fábricas; mientras que las facilidades en la concesión de crédito y en los trámites administrativos pretenden impulsar la inversión productiva y la adquisición de empresas.
Estas y otras novedades sobre el gigante asiático fueron analizadas esta semana en Adegi en el marco de las Jornadas contra la Crisis que la patronal guipuzcoana viene celebrando en los últimos días para tratar de arrojar algo de luz a los empresarios del territorio en los actuales momentos de incertidumbre.
La jornada sobre China contó con la presencia de Íñigo Mendiburu, socio director de la consultora iGeo, especializada en el país, y de Francisco Soler, socio director de la oficina de Garrigues en Shanghai. En el acto también se dio a conocer la experiencia particular de varias empresas guipuzcoanas implantadas en China.
Mendiburu y Soler coincidieron en destacar que la actual situación «genera incertidumbre también en China», pero que, «siendo el país con mejores perspectivas para 2009 y 2010, con un Gobierno decidido a impulsar la actividad y con capacidad sobrada para hacerlo, y con nuevas facilidades para invertir y/o realizar compras, la tercera potencia económica mundial supone en este momento una oportunidad única».
Como colofón, Soler explicó las oportunidades gráficamente: «va a haber 800 millones de personas que gracias al Gobierno chino van a tener dinero para comprar muebles, frigoríficos y batidoras».